Fin de semana en Libourne y alrededores. Andando en bici entre los viñedos y carreteras secundarias. En una recta como de 800 metros, mi amiga sigue en la bici, hay un coche parado saliendo de su propiedad, intuyo en cuatro micro segundos que no me ha visto, freno, freno y ¡grito! me da tiempo a ponerme de pie en la bici pero el coche está acelerando. Me aplasta la rueda delantera de la bici y la hace un ocho. Le grito en español que se vaya para detrás. La tía no se entera, tiene una pinta rara, me mira y me dice en francés como que se iba porque no me había hecho nada. ¡Me pongo furiosa! le enseño la rueda y le digo en mi super francés "Nous va a faire les papiers!! (seguro que está mal escrito).
Le veo con intenciones de irse, me pongo delante del coche y mi amiga que estaba delante se da cuenta de que algo pasa y vuelve. Menos mal que sabe francés. La mujer que tiene una pinta bastante mala, me dice que me da veinte euros!!! Saco el móvil para apuntarle la matrícula por si acaso, cuando ve el móvil me dice que podemos arreglarlo sin llamar a la policía, no era mi intención pero si se escapaba ¡por supuesto que llamo!.
Llegan nuestros chicos que como siempre van más rápido y están extrañados de que no lleguemos. En ese momento llega el marido en su tractor y rojo como una furia se pone a gritarle a su mujer en portugués ¡como un loco! nos quedamos estupefactos de la violencia con la que grita, parece que hasta le va a pegar... nos da la mano y se marcha.
Mi amigo J.P. va con la mujer, la hija, una niña pequeña y mi rueda en coche a la tienda de bicis más cercana. Una hora esperando a que vuelvan. Mientras nosotros nos quedamos con el hijo de doce años, que tiene una cara de triste el pobre, y con el padre, que parece ya más calmado. El me dice por primera vez que menos mal que no me ha pasado nada.
Vuelven con la rueda, han encontrado el mismo modelo y a la mujer le ha costado veintisiete euros, está muy contenta, parece, de que le haya costado tan poco.
Nosotros también estamos contentos de poder seguir con nuestra excursión y de que no me haya pasado nada.
Ahí les dejamos gritándose el uno al otro como locos. Que pena de familia.
Después hemos visto todas estas maravillas.